La faceta moderna de China, aunque deslumbrante, no es la única. La civilización ininterrumpida más antigua del mundo no es solo cristal ahumado y aluminio pulido. Aquí no solo se tropezará con antigüedades a cada paso, pues tres décadas de crecimiento desenfrenado y urbanismo irreflexivo han pasado factura. Le esperan ricos vestigios del pasado y hay para todos los gustos: fragmentos desmoronados de la Gran Muralla, montañas coronadas por templos, pueblos olvidados en el tiempo, lánguidas ciudades con canales, grutas budistas y antiguos fuertes en el desierto. Hay que llevar un buen par de zapatos y recordar las palabras de Lao Tsé: “un viaje de mil millas comienza con un solo paso”.